A veces uno encuentra un lugar donde construir y a veces el lugar te encuentra a tí. Esto es lo que parece haberle sucedido al propietario en Na Xemena, al noroeste de la isla de Ibiza; un lugar mágico, donde la luz dibuja y da vida a cada arista de ese acantilado que se hunde en el mar. Un lugar tan imposible de profanar, a poco que el arquitecto entienda que la mano del hombre no puede pasar por encima de la naturaleza, que hizo que el proyecto forzosamente desembocara en una actitud respetuosa al máximo con el paisaje y a establecer un diálogo civilizado entre naturaleza y arquitectura. Todo el conjunto queda armonizado con su entorno, sin estridencias, como una sucesión lógica del terreno y el paisaje. Desde el mar, con su cornisa de rocas y pinos, asciende hasta confundirse con la profundidad del cielo.