Desde la preparación de los primeros planos, los volúmenes y elementos constructivos se articularon con una fluidez total, sin estar sometidos a un esquema geométrico rígido, aunque manteniendo una unidad formal. El conjunto arquitectónico se ordena escalando la base rocosa, definiéndose como un todo compacto y de aparente simplicidad, estableciendo un paralelismo con la morfología del acantilado.

Los diferentes niveles en los que se concibe la planta actúan como un elemento dinamizador del espacio, definiendo lugares en el exterior, como la terraza y la piscina, con identidad propia, orientadas frente al mar, que permiten disfrutar a todas horas de la luz cambiante del Mediterráneo.

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