El proyecto es el resultado de una secuencia de espacios que se van abriendo del interior al exterior, en una actitud no sólo de respeto con el entorno, sino de absoluta veneración.

Puede que sea esta veneración la que ha llevado al arquitecto a este sereno diálogo con las formas. Un diálogo del que siempre sale triunfadora la esencia, sin dejar jamás en mínimo resquicio para que se cuele algún elemento decorativo que pueda desvirtuar la filosofía generadora de todo el programa.

El arquitecto ha puesto aquí tan sólo la geometría necesaria para que muros y paredes cobijen y alberguen la mirada necesariamente extasiada de sus habitantes. Como ocurre siempre que se excluye el artificio, se ha conseguido el hacer parecer sencillo lo más profundo de nuestra milenaria civilización.

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